Si te gusta el vino, no puedes dejar de viajar por un país a través de sus viñedos. Conociendo lugares de lo más insólito, a través de los caldos que producen. El enoturismo es un tipo de turismo, diseñado especialmente para los amantes del vino; sin embargo, la oferta y variedad de destinos, así como lo que supone, puede disfrutarse por igual, aunque no seas un apasionado de este arte, hecho líquido.
Los parajes por los que te lleva el enoturismo pueden enamorar a cualquier turista. Visitar una bodega o un viñedo no deja a nadie indiferente, aunque, como decimos, el vino no sea tu pasión. El turismo del vino, enológico o enoturismo, es una forma de conocer a través de la experiencia. Permite conocer a las gentes del lugar, su gastronomía, las bodegas, los viñedos, la elaboración del vino y su historia. Se trata de un tipo de viaje en el que el punto de interés no es otro que el vino. Siempre bien acompañado de gastronomía, cultura y un espectacular entorno natural. Se puede decir que el enoturismo es la combinación del turismo rural, la gastronomía, la cultura y el vino.
Cualquier época del año es buena para realizar este tipo de turismo. Las bodegas se adaptan a las estaciones para poder ofrecer lo mejor de cada una, sin desaprovechar las oportunidades de cada estación. Sin embargo, no se puede negar lo evidente: la mejor época para visitar los viñedos es al final del verano e inicio del otoño. Entre agosto y octubre, con el inicio de la vendimia, se puede observar en primera línea, incluso participar, en la recolección de la uva. Materia prima indispensable para la creación del mejor vino.
El enoturismo no es, como se suele pensar, visitar bodegas y probar sus vinos. Existen numerosas actividades que completan las visitas a las bodegas y viñedos, proporcionando una experiencia cultural de lo más completa.
El encanto del viñedo
Sin duda, visitar un viñedo es algo que todo amante del vino desea hacer. No solo una vez, las que sean posibles. Cada viñedo es único y cada vino, también. Al menos eso hemos comprobado en PlantVid Viveros de Vides, dedicados a la producción propia de plantas de vid y uva de mesa. Gracias a ellos, hemos podido entender que cada viñedo, siendo similar, es diferente y cuenta con su propia personalidad. Por lo que visitar viñedos es una de las claves del enoturismo.
Una viña en Lanzarote muestra un tronco y brazos, tumbados en el suelo todo lo posible, evitando el viento y con unas raíces hundidas hasta cuatro metros, buscando el agua. Una viña en La Rioja o el norte de España tiene unas viñas que crecen hacia el cielo y se dejan ver desde la distancia, formando sus preciosos caminos.
Visitar un viñedo es hacer una visita a la cuna del vino, el lugar de donde sale y le proporciona la identidad, el olor, el sabor… la tierra. No es lo mismo un vino que se cría entre lava volcánica que uno que crece entre arcilla o minerales con carácter. Estos matices hacen que visitar unos viñedos implique ir con los cinco sentidos y prestar atención para conocer, de manos del experto, cómo la tierra, el aire, la lluvia o la ausencia de la misma moldean cada uva para luego producir el vino.
La tierra es esencial para el mundo del vino. En nuestro país, afortunadamente, contamos con diversas regiones vinícolas, todas y cada una de ellas con sus propias características y propiedades, con las que se consiguen vinos únicos. La tierra y el clima, como factores cruciales, a la hora de determinar el carácter que define a la uva. Por ejemplo, en La Rioja, con unos vinos de lo más reputados, los suelos son arcillosos y el clima, continental. Como resultado, vinos robustos y tánicos. Si nos vamos a Galicia, la influencia del Atlántico, unida a los suelos graníticos, proporciona unos vinos blancos frescos y minerales, como el albariño. En el Priorat, una tierra de pizarra y un clima cálido, dan como resultado vinos potentes y complejos.
El terruño español es de lo más diverso y apasionante a la hora de elaborar vinos únicos. La relación entre tierra y vid es esencial para comprender el vino. Cada rincón de España habla a través de sus uvas, concediéndoles sabores y aromas diferentes y distintivos. Cuando se cata un vino, se prueba la tierra y el clima de donde procede.
Solo en nuestro país, contamos con setenta y una Denominaciones de Origen. Lo que no hace sino refutar la personalidad del terreno y los numerosos vinos que se pueden producir, con sus matices y personalidad propia.
A continuación, hablaremos de algunas de esas zonas vinícolas que hacen que nuestra tierra sea un paraíso del vino y un lugar ideal para el enoturismo.
Las tierras con más renombre vinícola
Ni son todas las que están, ni están todas las que son. No podemos abarcar todas las regiones vinícolas de España, pero sí podemos acercarnos a algunas de ellas. Empezando, como no puede ser de otra manera, por La Rioja, una de las cunas del vino español. La Rioja, Laguardia y Elciego, junto a Haro, son los pioneros del enoturismo. Visitar estas tierras y adentrarse en sus viñedos es esencial si te gusta el vino. En estas localidades, son muchas las bodegas que esperan la visita del amante del vino; con mayor o menor renombre, podemos encontrar en estas localidades los vinos más espectaculares.
De La Rioja, nos vamos a la Ribera del Duero, donde los grandes vinos se encuentran al alcance de todo visitante. Peñafiel es una localidad con personalidad vinícola propia. Las bodegas de la zona permiten hacer visitas con cena degustación en la que los vinos son los protagonistas.
Aunque para muchos no lo parezca, Madrid cuenta en su haber con buenos viñedos. Zonas como Chinchón o San Martín de Valdeiglesias, opuestos en la región, cuentan con vinos excelentes, resultado de cultivos más pequeños y una selección de lo más cuidada. En Aranjuez se puede visitar la bodega perteneciente a la casa Real Cortijo, perteneciente a la casa real. Colmenar de Oreja es otra de las regiones madrileñas donde el vino tiene un lugar especial. En sus bodegas, se puede ver cómo se elaboran los vinos de la manera más tradicional.
Caminante, no hay camino… si a Santiago no vas. El Bierzo, en León, cuenta con más bodegas que personas en la localidad de Valtuille de Abajo. El camino que lleva a Santiago está sembrado de viñedos de Mencía en todo lo que une Ponferrada con Villafranca del Bierzo. Todos estos lugares cuentan con bodegas y viñedos únicos, en los que se pueden probar excelentes vinos.
Pocas veces se habla de las islas como regiones vinícolas. Sin embargo, Lanzarote cuenta con su particular ruta del vino. Esta ruta nace y muere a lo largo de una carretera que pasa por los campos de lava, con los volcanes en el horizonte. La Geria es el punto de referencia, donde es posible visitar bodegas que elaboran unos vinos de lo más personales. Los de las tierras canarias cuentan con ese punto volcánico que ningún otro vino español puede incluir en sus mejores vinos. Sin duda, se trata de un aspecto destacable y a considerar, ya que seguramente merezca la pena probarlo.
Se nos quedan muchos puntos en el tintero. Pero podemos citar algunos lugares que merecen la pena visitar en busca del mejor vino: la zona del Priorat y el Montsant en Barcelona, Navarra, la Ribera Sacra en Galicia, Málaga, Cádiz… En resumidas cuentas, cada comunidad autónoma cuenta con sus propios caldos y zonas de viñedo, unas con mayor renombre y otras más recogiditas.
Viajar fuera de España también puede ser una buena opción de enoturismo. No vamos a negar que Italia y Francia son cunas del vino, tanto como España. Burdeos, Borgoña, Pisa o Florencia son conocidas por sus excelentes vinos y viñedos.
Aunque es posible que, por la razón o razones que sean, no se pueda realizar un viaje como es debido. En ese caso, podemos acudir a las ferias de vino. En estas ferias, es posible empaparse y conocer desde un mismo lugar un sinfín de bodegas, zonas vinícolas y personas relacionadas con el sector. Se trata de eventos únicos para que las bodegas puedan presentar sus productos a un público especializado. Permiten que sus vinos se presenten a los compradores potenciales y los profesionales del sector, conecten y se proporcionen la información necesaria. Para los profanos y meros amantes del vino, estas ferias permiten adentrarse en el mundo del vino y el turismo enológico, de la mano de los que saben.
Para concluir, mencionar lo importante del maridaje, ya que el vino sin gastronomía se queda pobre. Nada como un buen maridaje para enriquecer el vino. Un claro ejemplo de ello lo encontramos en el tinto con un buen queso viejo. Si tomas vino con una buena comida, cena o aperitivo, sabrá mejor.
En definitiva, el mundo del vino es de lo más apasionante. Lleno de matices y detalles, como los propios vinos. Adentrarse en él y conocer todo lo que rodea al mundo vinícola solo puede convertir al turista del vino en un experto.


