Pierde la vergüenza y disfruta

¿No os ha pasado alguna vez que estando de viaje os sentís más libres para hacer lo que os dé la gana? No hablo de volverse locos al estilo inglés de Magaluf, sino de saber que, como no tienes que rendir cuentas a nadie y que nadie te conoce en esa ciudad, puedes hacer un poco el payaso de más y comportarte un poco más libremente sin el miedo que suele dar que et conozca alguien por la calle mientras vas cantando el “barquito de vapor” con tu sobrina. Pues bien, yo he llevado ese sentimiento hasta el extremo y os puedo asegurar que he tenido el viaje más divertido de mi vida.

Tal vez estáis pensando en fiesta loca, alcohol o gamberradas pero nada más lejos de la realidad. Estoy hablando de algo mucho más sencillo que me ha reportado muchísima más satisfacción.

Debido a una expansión en la empresa en al que trabajo actualmente, se abrió una nueva sede de oficinas en las Islas Canarias, concretamente en Tenerife, y me mandaron a mí a esa isla para controlar un poco los inicios, durante un par de meses. Pero el viaje no se quedó ahí porque, además de las oficinas, se abrieron dos nuevas tiendas, una en La Gomera y otra en Fuerteventura así que me hice cargo de la supervisión.

Mi sobrina, que ahora mismo tiene 9 años, me adora y tras mes y medio sin verme se pudo un poco pesada con la idea de venir de visita así que aproveché mi viaje a Fuerteventura para organizar unos días de “viaje loco con la peque”. La verdad es que hasta el último minuto estuve pensando que se echaría atrás porque, aunque acompañada de una azafata, la niña tenía que viajar sola desde Madrid hasta Gran Canaria, donde yo la recogería en el aeropuerto para dirigirnos luego a Fuerteventura pero la enana fue una valiente, no tuvo miedo, no lloró, no se arrepintió y disfruto de cada minuto del viaje.

Lo que ella no sabía es que yo le tenía preparada una gran sorpresa para cuando llegara porque días antes había comprado en La Casa de los Disfraces un par de disfraces de Minnie Mouse, que le encanta, y la recibí vestida de esa guisa en medio del aeropuerto.

Esto es algo que jamás habría hecho en Madrid, pero allí… nadie me conoce, así que me enfundé en el disfraz, cogí la réplica pequeña para la enana y me fui a recogerla. Verle la casa de sorpresa y la risa que le entró cuando me vio disfrazada mereció la pena y las miradas que me echaban algunos turistas me dieron exactamente igual. Pero la cosa no se quedó ahí. Fuimos a un aseo, se cambió ella de ropa también y viajamos hasta Fuerteventura las dos vestidas de Minnie Mouse. Paseamos por las calles, llegamos al hotel pareciendo dos locas que se habían fugado de Eurodisney y vivimos unos días maravillosos y todo porque yo, una adulta profesional en viaje de negocios, perdí la vergüenza.

Llegados  a este punto lo que he hecho es algo que recomendaría a cualquiera. Puede que en tu propia ciudad, en tu casa, no te atrevas a hacer ciertas cosas pero fuera (dentro de lo que es normal y decente) puede que quieras liberarte de ataduras, vergüenzas y problemas de prejuicios estúpidos que la sociedad nos impone sin apenas darnos cuenta.

viajreducida

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